Toda gran historia comienza con una mujer extraordinaria

Querido lector:

Cuando me planteé escribir una saga basada en las Siete Hermanas de las Pléyades, no tenía ni idea de adónde me conduciría. Me atraía el hecho de que cada una de las hermanas mitológicas fuera, según la leyenda, una mujer fuerte y única. Se dice que fueron las Siete Madres que sembraron nuestra tierra —¡y no cabe duda de que, de acuerdo con sus historias, todas fueron sumamente fértiles!— y que tuvieron numerosos hijos con los diferentes dioses que quedaron fascinados por su fuerza, belleza y etéreo aire de misticismo.
Además, quería rendir homenaje a los logros de las mujeres, sobre todo a los del pasado, puesto que entonces era frecuente que sus contribuciones a convertir este mundo en el lugar que es ahora se vieran eclipsadas por los logros documentados de los hombres.
La definición de «feminismo», no obstante, es igualdad, no dominación, y las mujeres sobre las que escribo, tanto las del presente como las del pasado, aceptan que quieren y necesitan a los hombres en su vida. Quizá lo masculino y lo femenino sean el verdadero yin y yang de la naturaleza, y deban esforzarse por alcanzar el equilibrio; básicamente, aceptar las fortalezas y debilidades propias de uno y otro.
Y, por supuesto, todos necesitamos amor, no necesariamente en la forma tradicional del matrimonio y los hijos, pero creo que el amor es la fuente de vida sin la cual los humanos nos marchitamos y morimos. La serie de Las Siete Hermanas celebra sin reservas la interminable búsqueda del amor y explora las devastadoras consecuencias que derivan de su pérdida.
Mientras recorro el mundo siguiendo los pasos de mis personajes femeninos, reales y ficticios, para investigar sus historias, la tenacidad y el coraje de las generaciones de mujeres que me preceden me impresionan y me dan constantes lecciones de humildad. Tanto si lucharon contra los numerosos prejuicios sexuales y raciales de tiempos pasados como si perdieron a sus seres queridos a causa de los estragos de la guerra o la enfermedad o construyeron una vida en regiones remotas y semiáridas, esas mujeres nos allanaron el camino para que gozáramos de la libertad de pensamiento y acción que disfrutamos hoy… y que tan a menudo damos por sentada.
El mundo, por desgracia, sigue sin ser un lugar perfecto, y dudo que algún día llegue a serlo, porque siempre surgirán nuevos retos. Aun así, creo sinceramente que los seres humanos, y en especial las mujeres, se crecen ante ellos. ¡Al fin y al cabo, somos las reinas de la «multitarea»! Y todos los días, con un niño en una mano y un manuscrito en la otra, celebro el hecho de que miles de generaciones de mujeres extraordinarias, que tal vez se remonten hasta las mismísimas Siete Hermanas, conquistaran la «libertad» para ser yo misma de la que gozo ahora.
Estoy segura de que, tal como me ocurre, habrá una hermana con la que te identificarás más y otra que te gustará menos. Sin embargo, lo más hermoso de escribir sobre estas chicas es que cada una de ellas posee sus propias fortalezas y debilidades. Como todos nosotros.
Y también está Pa Salt, el enigmático padre de las hermanas, un personaje al que solo conocemos, tras su muerte, a través de los ojos de sus apenadas hijas. ¿Quién era? Y ¿por qué adoptó a sus hijas en rincones tan distintos del mundo?
Las Siete Hermanas es una historia acerca de la humanidad: amor, familia, alegría, pérdida, miedo y dolor. Y, sobre todo, acerca del don más importante, el que ha mantenido viva a la raza humana a pesar del sufrimiento insoportable: la ESPERANZA.
Espero que disfrutes navegando por la exhaustiva investigación que llevé a cabo para lograr que los lugares y los personajes cobraran vida en las historias.

Libro 1

Libro 2

Libro 3

Libro 4

Libro 5