SOBRE MÍ

Nací en Irlanda y, durante los seis primeros años de mi vida, viví en una aldea minúscula llamada Drumbeg. Entonces nos mudamos a Inglaterra, donde empecé a asistir a la escuela. Cuando era pequeña, desde el momento en que llegaba a casa del colegio, si no estaba leyendo, escribiendo historias o en clase de ballet, estaba disfrazándome con los viejos vestidos de noche de mi madre y transformándome en princesa, elaborando tramas que podían extenderse durante semanas. Vivía del todo inmersa en mi imaginación. ¡Y no es que haya cambiado mucho desde entonces!

Yo a los nueve meses

A los nueve años, interpretando a una niña asesina en La mala semilla

Mi padre viajaba muchísimo al extranjero y pasaba poco tiempo en casa: la suya era una figura misteriosa, pues en realidad mi madre, mi hermana y yo no sabíamos qué hacía cuando estaba fuera. Como ocurre con Pa Salt en las historias de Las Siete Hermanas, esperábamos su regreso con ilusión; siempre nos llevaba algún que otro regalo de un nuevo país exótico. Era un hombre muy humilde y sabio y, por encima de todo lo demás, me enseñó que, fueran reyes o limpiaran aseos, todos los seres humanos merecían el mismo respeto. Murió de forma inesperada hace diez años y sufrí mucho.

En el colegio destacaba a nivel académico, pero, sin duda, no formaba parte del grupo de los «populares», puesto que prefería las salas polvorientas del Victoria and Albert Museum a las discotecas. También estaba muy entregada a mi formación como bailarina e intérprete. Mi madre había sido actriz, mi abuela cantante de ópera y mi tío abuelo jefe de diseño de iluminación de la Royal Opera House, en Covent Garden. Llevaba el teatro en la sangre.

Yo como «la hija de Bomber» en Auf Wiedersehen, Pet

A los catorce años me trasladé a Londres para matricularme a tiempo completo en una escuela de baile y artes escénicas. A los dieciséis conseguí un papel protagonista en una serie de la cadena de televisión BBC llamada The Story of the Treasure Seekers. Y a lo largo de los siete años siguientes me dediqué de manera profesional al teatro y la televisión, desempeñando, entre otros papeles, el de la hija de Bomber, Tracy Busbridge, en la icónica Auf Wiedersehen, Pet. ¡También me casé con un actor que conocí en un anuncio de televisión de una tienda de bricolaje! A los veintitrés años me diagnosticaron el virus de Epstein-Barr y me vi postrada en cama. Una vez más, recurrí a mi imaginación para superar aquella etapa y, durante la convalecencia, escribí mi primer libro: Lovers and Players. Una amiga lo leyó y se lo pasó a un agente literario, que, para sorpresa y deleite míos, me ofreció un contrato por tres libros. Típico de mi teatral vida: descubrí que estaba embaraza de mi primer hijo, Harry, una hora antes de acudir a la fiesta de lanzamiento de Lovers and Players. ¡Me quedé sin champán!

Después de aquello me sentí como si estuviera dando a luz a un libro y a una criatura cada año, y después de escribir ocho novelas decidí tomarme un descanso. Para entonces ya me había mudado a Irlanda y, después, de vuelta a Inglaterra, me había casado con mi esposo Stephen tras un romance relámpago de seis meses y había disfrutado de siete maravillosos años como esposa y madre. Para mantener la cordura entre episodios consecutivos de dibujos animados, escribí tres volúmenes: una saga familiar, un libro «literario» y una novela de detectives. Una de esos libros, Helena’s Secret (titulado The Olive Tree en la edición inglesa), ya se ha publicado, y ahora mismo estoy reeditando otro para que salga a la luz. Esto demuestra que nada de lo que se hace en la vida es un desperdicio, ¡aunque todavía me da demasiada vergüenza enseñarle a nadie mi novela detectivesca!

Yo en el lanzamiento de mi primer libro y recién embarazada de Harry

Cuando Kit, el menor de mis hijos, comenzó el colegio, decidí que había llegado el momento de pensar seriamente en escribir un libro que leyera alguien aparte de mí. Siempre he tenido problemas de LMT (lesiones por movimiento repetitivo), pero, sobre todo, me resulta imposible permanecer sentada ante un ordenador, porque soy hiperactiva y estoy acostumbrada al movimiento desde mis días de bailarina. Así que decidí comprarme un dictáfono y enseñarme a «hablar» los libros. Al principio me costó bastante, en parte porque me sentía estúpida hablando sola durante todo el día y porque a mis hijos les parecía desternillante que dictara también la puntuación. Sin embargo, cuanto más «escribía» de esa manera, más sencillo y natural comenzó a resultarme. A fin de cuentas, originalmente el arte de narrar historias se transmitía de manera oral, no escrita. Además, aquel sistema también significaba que ya no estaba encadenada a un escritorio, sino que podía pasear al aire libre, porque es la naturaleza la que me despierta mejores ideas.

Decidí no plantearme qué tipo de libros se estaban vendiendo, sino escribir una novela que a mí me gustaría leer, con una cronología dual y ambientada en lugares que conozco y adoro. El secreto de la orquídea fue el resultado. Recuerdo entregarle el manuscrito a mi agente en Londres y marcharme pensando que si ninguna casa editorial lo compraba, dejaría de escribir y me matricularía en la carrera de psicología. Todavía tengo los formularios de solicitud en un cajón de mi escritorio. No obstante, para mí más absoluta sorpresa, al cabo de una semana recibí ofertas de varias editoriales. Se han vendido tres millones y medio de ejemplares de esa novela, que alcanzó el número uno en todo el mundo. Después escribí La joven del acantilado, La luz tras la ventana y La rosa de medianoche, y todas ellas se convirtieron en superventas internacionales.

En ese momento mis editores comenzaron a preguntarme por los ocho libros que había escrito anteriormente con el nombre de Lucinda Edmonds, ya que todos estaban fuera de la circulación del mercado. Tuve que bajar al sótano y subir las copias que había almacenado allá abajo. Estaban llenas de telarañas y excrementos de ratón, y dejar que otros las leyeran me provocó bastante ansiedad. Aun así, muchos de mis editores quisieron publicarlas, así que me puse a trabajar en su revisión.

Más tarde, el día de Año Nuevo de 2012, mientras contemplaba el cielo nocturno, recibí la inspiración para escribir una ambiciosa serie de varios libros libremente inspirada en las leyendas que rodean al grupo de estrellas de las Siete Hermanas. Las novelas trazarían los viajes de unas hermanas adoptadas mientras recorren el mundo en busca de su pasado, y en ellas aparecería un padre misterioso llamado Pa Salt. Y así nació la serie de Las Siete Hermanas.

Una empresa de Hollywood, Raffaella Productions, ha adquirido los derechos de Las Siete Hermanas para convertir los libros en una serie de televisión de varias temporadas. Como es obvio, el proceso de crear una serie tan larga llevará algo de tiempo, pero algún día será maravilloso ver a Pa Salt y a sus hijas cobrar vida en la gran pantalla.

Cuando no estoy escribiendo, viajando o corriendo tras mis cuatro hijos, me gusta leer libros que no he escrito con una copa o dos de vino rosado de Provenza.

Yo con mis hijos y Stephen